Como decía en el post anterior, la cosa va de conciertos ultimamente. El miércoles pasado mi cita fue con Wilco, posiblemente uno de los grupos norteamericanos más interesantes y consagrados en la actualidad, tanto por la crítica especializada como por un amplio espectro de público. Su sonido country-rock de los inicios (Wilco es una escisión del grupo Uncle Tupelo) ha virado hacia otros territorios como el soul o el pop más beatleliano donde la voz de Jeff Twedy pierde aspereza para llegar a registros más agudos. Precisamente al recien fallecido Jay Bennet, antiguo miembro del grupo, se le atribuye ser el artífice de la evolución de su sonido.
El concierto tenía lugar en el Auditorio Kursaal, con su aire acondicionado, a las 8 de la tarde, en cuarta fila y con cierta garantía de que sonaría bien. Todas estas condiciones se me antojaban como las ideales para disfrutar del grupo y más viniendo de un festival como es el Primavera Sound. Pero cuál sería mi sorpresa que la cosa empezó a torcerse nada más empezar. Con pocos minutos de retraso salió el grupo al escenario con el público entregado desde el principio. Suenan los primeros acordes de "You Are My Face" y todo parecía ir bien pero en cuanto Jeff Tweedy empezó a cantar, a pesar de la poca distancia que nos separaba, siento que lo oigo desde muy lejos. "¡Mierda!", me digo a mí misma, pues nunca he sido partidaria se situarme en las primeras filas de un concierto precisamente para evitar que no me llegue bien el sonido. Anteriormente había visto conciertos allí, en una posición parecida, sin problemas al respecto o quizás no me había fijado o importando tanto. La cuestión es que sentía que un buen concierto sucedía ante mis ojos pero que se oía tras mi espalda. El sonido que me llegaba era básicamente el de los monitores con el de los amplificadores de fondo, por lo que el efecto era casi como si los oyera desde fuera de la sala. Al tercer tema Jeff Tweedy pidió que subieran el volumen de su monitor y entonces la cosa mejoró pero no mucho mi cabreo interno.
foto de Sergi Fornols (todos los derechos reservados)
Durante todo el concierto intenté mirar el lado positivo del momento, el poder disfrutar muy de cerca de los movimientos de Nels Cline, de escuchar al batería Glenn Kotche como si yo estuviera en el escenario, de oir el teclado del inexpresivo Mikael Jorgensen, de verle las greñas a Jeff Tweedy... pero apenas oía el bajo de John Stirratt y a Pat Sansone cuando cogía la guitarra. Mi fanatismo hacia Wilco no llega hasta el punto de obviar todo esto por el tenerlos tan cerca y menos cuando era la primera vez que los veía. Me hizo pensar sobre la responsabilidad que pueda tener la sala en garantizar que en las primeras filas (las más caras) se oiga bien el concierto. No sé qué opinarán ustedes al respecto pero creo que, por mucho que se diga que en las primeras filas no se puede percibir un concierto en toda su dimensión sonora, existen medios para (casi) solucionarlo. A mí desde luego se me quedó un poco cara de tonta y admito que en esas situaciones me cuesta obviar esos "pequeños inconvenientes".

foto de Sergi Fornols (todos los derechos reservados)
Así que desde esta perspectiva, Wilco me demostraron que son un grupo sólido en directo pero a veces falto de emoción, de ajo (como diría mi amigo Santi). Las canciones suenan perfectas, casi clavadas a los discos, y salvo por Nels Cline que se retuerce sobre sus variadas guitarras, algunas posturitas de Jeff Tweedy o por la intensidad con la que toca Mikael Jorgensen, sus directos pecan de correctos. Y más que una banda unida, parece que Tweedy se ha traído a unos buenos músicos para que toquen con él su repertorio. No sé si en mi apreciación han influido la contrariedad por el mal sonido y que fuera con muchas espectativas, pero mi sensación fue ésa. Para nada fue un mal concierto pero me habría gustado ver más intensidad entre los componentes, ese algo que es difícil de describir pero que lo notas. Sin embargo la mayoría del público estaba encantando y sin duda el momento de mayor emoción expresada fue con "Impossible Germany", con parte del público aplaudiendo de pie al final. Esta canción sin duda se ha colado entre los temas más famosos de Wilco, y tan consciente es Tweedy de ello, que a modo de broma, mandó a callar al público antes de tocar los primeros acordes de su guitarra. El setlist se centró basicamente en los últimos cuatro discos publicados por el grupo y del inminente "Wilco (The Album)" que sigue la línea compositiva del anterior. Hubo dos bises y aproveché ese momento para buscar asiento en las filas superiores donde sí pude oir bien a todos los músicos. Esta parte final del concierto fue posiblemente la mejor porque por fin el grupo se desmelenó, ganó en intensidad donde ninguno estaba a la sombra de Tweedy, y especialmente Pat Sansone que tiene vocación de front man. En total tocaron seis temas que pusieron un broche más rockero al concierto y que me hicieron salir del Kursaal con mejor sabor de boca.- Las fotografías de Sergi Fornols (todos los derechos reservados) están sacadas del concierto de Wilco en Barcelona en esta misma gira -